info@las100protagonistas.com

Coromoto Hernández

"¿Qué tengo que ajustar? No me puedo detener"

Compartir:

La vida puede ser difícil, hay demasiados obstáculos y demasiadas barreras que tienes que saltar y cada persona tiene los suyos, pero a mí me parece que además como humanos siempre sentimos que algo nos falta. También es un mal de los últimos años en Venezuela, fijarnos en todo lo que nos falta. Y yo pienso: no, no falta, ¡eso es lo que hay! Y no que «es lo que hay» porque soy conformista, sino que es lo que tengo ahora y lo que tenemos. Yo creo que si nos empezamos a ver tal cual somos y con lo que tenemos, nos acercamos más a las cosas de pinga que queremos alcanzar.

En la escuela me hicieron mucho bullying y yo aprendí que tenía que seguir creciendo y tenía que vivir con eso. Recuerdo que yo pasaba por donde estaban los que me hacían bullying porque pensaba: no me voy a esconder, estos carajos van a estudiar conmigo hasta que pasemos de grado. Me fui haciendo como una costrica que me ha permitido seguir echándole pichón siempre. Claro, me trajo otros problemas que he trabajado en terapia. Pero a partir de allí también surge la inquietud, la búsqueda, de ver qué es lo que me identifica a mí, una joven caraqueña que vive en Gato Negro, y cuáles son los códigos que comparto con la gente que se parece a mí.

Primero empecé con la escritura, escribía poemas en Facebook. Yo veía que en los medios no había cosas contadas desde mi realidad, y tenía siempre esa cosquillita de querer contar las historias de gente como yo. Luego quise pasar a Instagram, pero me preguntaba ¿cómo lo hago?. En esa red social la imagen es más importante, todo tiene que estar pulcro y no puede haber cosas mal hechas. Entonces empecé con las gráficas hablando de todo lo que nos hace ser caraqueños, de cómo nos comunicamos, las cosas que hacemos, y la fotografía de calle. La fotografía me ha traído muchos problemas, pero me encanta. Me inquieta ver a la gente cuando cree que nadie la ve. Lo que encontré es que todos somos iguales, todos hacemos lo mismo, aunque no todos lo reconocen.
En mi vida he aprendido dos cosas. La primera es que la constancia y la paciencia son mis superpoderes. No me puedo quedar pegada. En momentos que no he tenido clientes, he fallado diciéndome: lo estoy haciendo muy mal. Pero ahí mismo me digo: ¿qué tengo que ajustar? No me puedo detener. A mí me parece que estar vivos es maravilloso. Levantarme y decir: ¡mira, estoy viva, puedo hacer cosas! Mientras uno está vivo y tiene la posibilidad de crear y abrir puertas y seguir intentándolo, yo creo que eso es la mayor inspiración de todos los días.
La segunda es que la honestidad va por encima de todas las cosas. Y si no eres honesto te va a dar un lumbago y un montón de cosas en tu cuerpo, es como un peso que cargas. Me he quitado un montón de prejuicios y he terminado aceptándome como soy. Yo creo que si aceptamos eso, que no somos ángeles, que nos equivocamos y que no todo el mundo nos va a querer, por ahí vamos conquistando la libertad, nos empezamos a sentir mejor con nosotros mismos y con lo que queremos mostrar al otro. Yo creo que cuando tú eres sincero con cómo te va, cómo te sientes, con quién eres, también inspiras a la gente.
Hoy trabajo como productora cultural y creadora de contenido, tengo el privilegio de hacer esto y de que me dé dinero, de que puedo seguir aprendiendo. Esto es lo que deseo de corazón para todos: que todos nos sintamos bien con lo que somos y con lo que hacemos y con la gente con la que estamos.